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Mundo

Un año después de la revuelta en Túnez, donde inició la Primavera Árabe

Por CNN en Español

(CNN) — Meriem Ben Salah, un bebé de dos meses, nunca conocerá el Túnez que conoció su madre.

No jugará en un barrio donde los guardaespaldas del gobierno están al acecho y observando.

No tendrá que alabar y agradecer al presidente antes de dar un informe.

No tendrá miedo de hablar de política, preocupado porque su discurso no agrade al régimen.

«Mi hijo representa al nuevo Túnez», dijo recientemente a CNN Ben Salah, nacida en Túnez. «Voy a decirle lo que tenía que hacer y con lo que yo crecí de manera que él entenderá que ahora no hay miedo. El miedo se fue con Ben Ali. Es probable que él y el miedo nunca regresen».

Hace un año, a los 28 años de edad, publicó un iReport sobre lo que era crecer en Túnez durante la presidencia de Zine El Abidine Ben Ali. Como escribió, Túnez fue el parteaguas de una revolución histórica, un movimiento que se extendió por todo el Medio Oriente y el norte de África.

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El movimiento, conocido como la Primavera Árabe, nació en Túnez con un vendedor ambulante que se inmoló el 17 de diciembre del año pasado.

Mohamed Bouazizi fue presionado a tales extremos luego de que un funcionario municipal y sus colaboradores fueron acusados ​​de haberlo acosado, humillado y confiscado sus bienes. Los tunecinos vieron la actuación de Bouazizi como la última protesta contra la corrupción en el gobierno de Ben Ali, al cual culpaban por el alto desempleo, la falta de libertad de expresión y libertad política.

Una multitud de tunecinos salió a las calles exigiendo el derrocamiento de Ben Ali, quien se convirtió en presidente en 1987. Tras la revuelta de 28 días que derrocó a Ben Ali, el movimiento se extendió a otros países: Egipto y el derrocamiento del presidente Hosni Mubarak. La guerra civil en Libia y la muerte de Moammar Gadhafi. Continuaron las protestas en países como Yemen y Bahrein. Y una serie de manifestaciones sangrientas en Siria.

«Saber que la Primavera Árabe comenzó en Túnez es simplemente algo que me alegra el corazón. Me llena de un amor por mi país que yo pensaba que no tendría porque fue muy dura la vida durante muchos años», dice Salah. «Estoy muy contenta que ese tirano se haya ido».

Ben Ali dimitió y huyó a Arabia Saudita a mediados de enero de 2011. A finales de noviembre, un tribunal militar de Túnez lo condenó en ausencia a cinco años de prisión por su papel en un caso de 1991 en el que 17 militares fueron acusados ​​de planear un golpe de Estado contra su régimen, reportó la agencia estatal de noticias tunecina.

Salah viajará a Túnez con su bebé a finales de diciembre para celebrar. Salah ha estado buscando un doctorado en ingeniería mecánica en California, y no estaba en Túnez durante las protestas. Pero ella se comunicaba frecuentemente por teléfono y por Skype con sus padres durante las manifestaciones. Su familia vive en la misma ciudad donde se crió, en Le Kram, a 15 minutos en auto del palacio presidencial, cerca de la capital.

Recordó a CNN esta semana las emocionantes conversaciones por teléfono y por Skype que tuvo con su familia cuando ocurrieron las protestas.

«En la primera conversación con mi familia hablamos durante tanto tiempo porque estábamos tan emocionados», recuerda. «Estábamos gritando, muchos de los familiares entraban a la conversación a decir algo. Era extraño, porque había toque de queda en Le Kram y Túnez, y mis padres me decían que los vecinos estaban protegiendo sus casas porque la policía no estaba trabajando. Pero nadie estaba robando o haciendo daño”.

El padre de Salah de vez en cuando interrumpía las llamadas, temeroso de que sus conversaciones estuvieran siendo vigiladas por el gobierno.

«Él decía: ‘no hablemos. Tal vez esto es peligroso. No debemos'», recuerda. «Y sí, teníamos un poco de miedo, pero todos estábamos muy emocionados. Era la alegría, alivio, sin miedo a nada».

Salah dijo que sus amigos y familiares dicen que cuando Ben Ali fue derrocado, el cambio se produjo casi de inmediato. Hubo cambios pequeños y lentos en la forma de vida, pero eran profundamente significativos.

«Mi familia decía que habían oído a la gente hablando en la calle cuando antes simplemente no hablaban con nadie porque no querían que le oyeran decir algo en contra de Ben Ali», dice. «Ahora usted puede ir a una tienda de café y escuchar a la gente por primera vez hablar de política. Ellos solo hablan y hablan de política, incluso si no la entienden porque están tan entusiasmados con esta libertad».

La propia familia de Salah disfruta de estas nuevas libertades políticas. Durante las elecciones de octubre en Túnez, ella apoyó a uno de los partidos, mientras que sus padres apoyaron a otro; a menudo hablaban abiertamente sobre sus opiniones.

En diciembre, el nuevo presidente de Túnez, Moncef Marzouki, tomó su cargo.

El veterano activista de los derechos humanos, que había sido encarcelado durante el régimen de Ben Ali, fue elegido por un Parlamento dominado por los islamistas, la Asamblea Constituyente.

«La gente en Occidente puede que no entienda que ese era un gran problema», dice Salah. «Los tunecinos lo entienden y eso es lo que realmente importa. Tomará tiempo vivir en libertad y en democracia. No puedo esperar a que mi hijo entienda eso algún día».