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Crimen

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Etan Patz, “el hijo de todos”

Por cnninvitationsaccount

Por María Santana, CNN

Nota del editor: María Santana es corresponsal de CNN en Español en la ciudad de Nueva York. Santana reporta desde allí para todos los programas de la cadena incluyendo a Café CNN, Encuentro, Directo USA, NotiMujer y Panorama Mundial

Etan Patz cambió el mundo, o por lo menos a los neoyorquinos. No por un gran descubrimiento o invento, sino porque es el niño que un día salió de su casa y que jamás regresó.

Hace exactamente 33 años a la fecha que Etan Patz, un niño de 6 años, le rogó a sus padres dejarlo caminar solo hasta la parada de su autobús escolar, y ellos, a pesar de las dudas, accedieron. El pequeño caminaba triunfante por la calles de su vecindario en Manhattan, feliz de su nueva independencia, mientras que su madre lo observaba por una ventana.

Lo que nadie en ese momento se pudo haber imaginado es que ese sería el día en que su carita, inocente, sonriente, quedaría plasmada en la mente y los corazones de toda una nación. No porque su caso sea más trágico o más triste que el de los miles de niños que desaparecen a diario, sino tal vez porque fue uno de esos momentos cuando toda una comunidad pierde su inocencia. Etan Patz nunca creció, nunca dejó de ser ese niño alegre de 6 añitos. Nunca cambió, pero todo a su alrededor sí.

Yo era una bebé cuando desapareció Etan Patz, pero me imagino como esta noticia impactó a mis padres. Me imagino que, como seguramente sucedió con millones de padres, me vigilaban más de cerca, que sentían verdadero pánico cada vez que me perdía de su vista y que desde ese momento empezaron a mirar todo, incluyendo a vecinos y amigos, de manera diferente.

Mi hija mayor en unos meses cumplirá 6 años, la misma edad de Etan Patz, y cada vez que pienso en el día, que se que pronto llegará, que ella me miré a los ojos y me pida salir sola por primera vez, porque ya se siente lo suficientemente grande para andar con su mami, pienso en la carita de Etan Patz. Heredé ese pánico, ese miedo que sintió todo un país ese fatídico 25 de mayo de 1979. Es increíble que un evento que sucedió durante mi infancia, que yo apenas recuerdo, sea una de las cosas que influye las decisiones que tomo como madre.

Tal vez un detective que en ese entonces estuvo a cargo de la investigación lo dijo mejor durante una entrevista: «Etan Patz pudo haber sido el hijo de cualquiera de nosotros. Raptado en una calle de la ciudad sin dejar ningún rastro. Esa es la peor pesadilla de cualquier padre».

Hijo de cualquiera de nosotros, hijo de todos. Desde ese día, se intensificaron los esfuerzos para combatir el secuestro y la desaparición de niños. Su rostro fue el primero en aparecer en un cartón de leche como parte de una novedosa campaña para alertar al público sobre jóvenes desaparecidos. Su caso llevó al entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, a declarar el 25 de mayo como el día Nacional de Niños Desaparecidos.

Sí. Todo cambio, excepto una cosa. El dolor de unos padres ante la pérdida de un hijo. Los padres de Etan Patz aún viven en el mismo apartamento, en el mismo vecindario, siempre esperando el regreso de su hijo, aun cuando los días se convirtieron en meses y los meses en años.

En medio de esta nueva esperanza de justicia, de los altibajos que han vivido desde el día que su hijo salió de su casa para nunca volver, lo único que deseo es que estos padres puedan encontrar paz y clausura, porque tan sólo un instante sin saber que ha pasado con un hijo es demasiado.

(Las opiniones expresadas en este artículo corresponden exclusivamente a María Santana)

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