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Televisión

Kardashian, la tele y el verdadero show

Por Camilo Egaña

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(CNN Español) -- Anoche hice por primera vez lo que solía hacer —y yo criticaba— mi tía abuela Coloy, que le gritaba a la pantalla del televisor cuando algo que sucedía allá dentro, le desagradaba.

Fue por un programa de cierta cadena estadounidense que convierte a un grupo de mujeres bellas, pero inquietantemente parecidas entre sí, en terneras en celo ante unos señores que parecen pavorreales hormonados y que los productores intentan presentar como el paradigma de la masculinidad. Y del soltero apetecible.

Y recordé a esa amiga de Eco, el escritor italiano, que un día le dijo: "Umberto, cada vez que no te veo en la televisión me pareces más inteligente". Y me acordé también de  ese colega de prensa escrita, premio Pulitzer por cierto, que una noche en el aeropuerto de Miami hace muchos años se sorprendió al verme leyendo un libro. De los "gordos" —más de 800 páginas— y  me lo dijo. Y yo, que entonces era más rápido para reaccionar con mala uva incluida, respondí: "Los de la televisión, cuando no estamos ante la cámara o el espejo, a veces, leemos… la palma de la mano".

Yo casi que nazco en un estudio de la antigua televisión cubana CMQ, un canal que para su época llegó a ser modélica, y que luego se replicó en algunos países de América Latina; pero desde hace cincuenta años funciona como una nodriza ideologizada y casposa. Aun así, yo con la tele siento lo que los cabareteros con el cabaret. O los futboleros con el fútbol. Y no pasa nada.

Arremeter a toda costa contra la tele ya no viste. Ya no significa nada. No sé qué van a hacer ni dónde se van a meter los que lo siguen haciendo el día en que una de las hermanas Kardashian diga que la televisión idiotiza.