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Mundo

¿Por qué nunca deberíamos olvidar los ataques atómicos de hace 70 años?

Por CNN

Nota del editor: Fumio Kishida es el ministro de relaciones exteriores de Japón. Las opiniones expresadas aquí son suyas.

(CNN) - El 6 de agosto de 1945 fue una sola bomba la que fue lanzada y la que se llevó más de 130.000 vidas en mi ciudad natal de Hiroshima, Japón.

Setenta años después, un mensaje en particular de un sobreviviente quedó grabado en mi mente.

De hecho, también se ha convertido en mi propia convicción: "A pesar de que me gustaría olvidar lo que nos sucedió, siempre debo recordar la bomba atómica para ayudar a asegurar que nunca más se repita la experiencia".

Mientras conmemoramos el 70 aniversario de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, es vital que aprendamos del pasado para ayudar a garantizar un futuro más pacífico.

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Durante mucho tiempo, Japón ha estado a la vanguardia del movimiento mundial para la eliminación de las armas nucleares, un compromiso que es tan firme hoy como lo ha sido siempre.

Y aunque sé que existe escepticismo entre muchos respecto a que las potencias nucleares del mundo gustosamente desactivarán sus arsenales nucleares, como ministro de relaciones exteriores de Japón y como un nativo de Hiroshima, realmente creo que la meta de un mundo libre de armas nucleares es alcanzable y que debemos luchar por ella.

En todo el mundo, actualmente existe un total de casi 16.000 ojivas.

Aun cuando eso puede verse como una gran reducción si consideramos las 70.000 que existían en la cúspide de la guerra fría, este es todavía un número demasiado grande y el progreso en la eliminación de ellas también ha sido demasiado lento.

Es cierto que el Tratado Nuevo START, firmado en el 2011 entre Rusia y Estados Unidos, reducirá más este número.

Sin embargo, la obligación de lograr el desarme nuclear no depende solamente de los dos estados con los más grandes arsenales nucleares en su momento; todos los demás estados nucleares también deberían formar parte de las negociaciones para el desarme nuclear.

Con eso en mente, instamos a esas naciones aun no involucradas en los esfuerzos para el desarme nuclear a reducir sus arsenales con el objetivo final de su eliminación total.

Sin embargo, si queremos eliminar las armas nucleares, una urgente prioridad sería evitar una mayor dependencia en las mismas.

Esto significa que la reducción del número de armas debería estar acompañada por la implementación de medidas hacia el objetivo de reducir su papel e importancia en las estrategias de seguridad y doctrina militar.

Desafortunadamente, algunas naciones en la actualidad parecen estar poniendo mayor énfasis en los arsenales nucleares como parte de su estrategia total de defensa, un paso claro en la dirección equivocada.

Más recientemente, me sentí extremadamente decepcionado de que la Conferencia de Revisión del Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares (NPT, por sus siglas en inglés) no lograra alcanzar un consenso formal.

A pesar de esto, muchos elementos del borrador del acuerdo obtuvieron un amplio apoyo y, por lo tanto, eso no debe perderse, incluyendo la necesidad de una plena responsabilidad y transparencia en relación a los arsenales nucleares del mundo.

No podemos dirigir apropiadamente el problema del desarme nuclear sin conocer el alcance exacto de las armas, tanto de las que están desplegadas como de las que están almacenadas.

Otro beneficio de una mayor transparencia es que esto también ayudará a aumentar la confianza pública en cuanto a que se está progresando en este asunto. Por lo tanto, hago un llamado para que todos los estados con armas nucleares proporcionen datos sólidos.

El apoyo público para el cambio es vital y, con eso en mente, animo a los líderes políticos y a los jóvenes de todo el mundo a visitar Hiroshima y Nagasaki para que vean personalmente las catastróficas consecuencias humanitarias de las armas nucleares.

Creo que tales visitas por sí mismas, actuarían como una fuerza poderosa para el desarme nuclear.

Atado en estrecha colaboración con la cuestión del desarme está la cuestión de la no proliferación, y aquí insto encarecidamente a Corea del Norte a tomar medidas concretas para cumplir su compromiso de abandonar todas las armas nucleares y los programas nucleares existentes, algo que la comunidad internacional ha solicitado en repetidas ocasiones.

Japón ha sido, y seguirá siendo, un fuerte defensor del fortalecimiento del sistema de salvaguardia del Organismo Internacional de Energía Atómica, un instrumento indispensable para evitar cualquier desvío del uso de materiales nucleares para fines no pacíficos. También seguimos promoviendo el estricto control de la exportación en Asia y en el mundo.

Por supuesto, gran parte de la atención mundial se ha centrado en el acuerdo nuclear con Irán, un acuerdo que aplaudimos y esperamos que sea implementado de manera incesante. Por consiguiente, apoyamos plenamente el papel crucial de la OIEA y el fuerte liderazgo del Director General, Yukiya Amano, en la verificación de estas medidas.

Este mes habrá una reunión del Grupo de Personas Eminentes para el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBT, según sus siglas en inglés) y una reunión de ministros de relaciones exteriores del G-7 en abril próximo, ambas se llevarán a cabo en Hiroshima, donde espero discutir todos estos temas.

El primer ministro, Shinzo Abe, y el presidente Barack Obama dijeron en abril en su declaración conjunta sobre la no proliferación: "En este año que se cumplen 70 años desde los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, se nos recuerdan las catastróficas consecuencias humanitarias del uso de armas nucleares. Hiroshima y Nagasaki quedarán grabadas para siempre en la memoria del mundo".

Su declaración ratifica que el legado que debemos dejar atrás es simple: que Japón sigue siendo el primero y el último lugar en la Tierra que ha experimentado los estragos de una bomba atómica.