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Opinión

¿Es posible una guerra civil en Venezuela?

Por Jorge Gómez Barata

Nota del Editor: Jorge Gómez Barata es columnista, periodista y exfuncionario del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y exvicepresidente de la Agencia de noticias Prensa Latina. Las opiniones expresadas en este texto corresponden exclusivamente al autor.

Aunque mi respuesta es no, la pregunta es pertinente. Si bien la guerra civil es una hipótesis improbable, lo inevitable en Venezuela es la vigencia de un clima de confrontación, que hará difícil el desempeño, tanto de la Asamblea Nacional como del Gobierno. Esa situación impactará negativamente en el pueblo, en el resto de las instituciones del Estado y particularmente en la economía.

Es probable que el presidente Nicolás Maduro rechace todo cuanto acuerde la Asamblea Nacional, mientras el poder legislativo será refractario a las iniciativas y requerimientos del Ejecutivo. En el parlamento predominará la confrontación: es de esperar que los debates sean constantes e intensos, incluso ocasionalmente violentos. En todos los casos, funcionará la oposición de oficio y la unanimidad estará ausente.

Los perdedores serán el país y el Gobierno, particularmente el presidente, a quien el pueblo y la opinión pública internacional identifican como el encargado de conducir la nación, hacer funcionar las instituciones, mantener la marcha de la economía y preservar el orden. La situación será potenciada hasta la exageración por la gran prensa nacional y extranjera.

Todo es más complicado dada la tendencia, tanto de la oposición como del Gobierno, de apelar a las acciones de masas y llamar a sus partidarios a las calles, lo cual seguramente creará situaciones de inseguridad y peligro, puede provocar confrontaciones multitudinarias que obliguen a la fuerza pública a intervenir. En algunos momentos, la situación puede salirse de control.

Para instituciones como las Fuerzas Armadas, que en estos años fueron rediseñadas para servir de sostén del proceso revolucionario bolivariano que la mayoría parlamentaria ahora confronta, resultará difícil adaptarse a una situación en la cual su Comandante en Jefe y la Asamblea Nacional permanecen en estado de beligerancia. No sería extraño que en algún momento aparezcan conflictos de intereses.

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Aunque existen opciones, el gobierno de Maduro y la dirección del Partido Socialista Unido de Venezuela disponen de estrechos márgenes de maniobra y de poco tiempo para la reflexión serena y colectiva que les permita encontrar soluciones, e introducir tácticas y estrategias acorde con las nuevas situaciones.

En cualquier caso, lo mejor para todos los venezolanos, para la estabilidad regional y para el desarrollo de procesos que consoliden la democracia y la institucionalidad, sería encontrar cauces de avenencia y formas de conducirse que excluyan o atenúen la confrontación. Ojalá las distintas fuerzas tengan la lucidez y la entereza para para dar pasos al encuentro. Allá nos vemos.