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Ciencia y Espacio

La basura espacial es una amenaza para la megaconstelación de SpaceX y para la civilización

Por Jackie Wattles

(CNN Business) — SpaceX puso en órbita 60 satélites pequeños la semana pasada, la primera entrega de una megaconstelación que la compañía espera que crezca para incluir miles de satélites en tan solo unos años y que podría llevar Internet a las zonas más aisladas del mundo.

La compañía espacial de Elon Musk es solo una de varias que tiene sus ojos en la transmisión de banda ancha a la Tierra desde el espacio. Otras compañías como Amazon y OneWeb tienen planes similares. De cara al futuro, muchas cosas podrían salir mal para ellos, financiera o tecnológicamente.

La calamidad más pesimista, aunque improbable, no solo afectaría sus negocios. Podría hacer retroceder a toda la civilización humana.

Imagina este escenario: un solo satélite pierde potencia y se estrella, descontrolado, contra otro satélite. Explotan, enviando pedazos de basura a través del espacio a 23 veces la velocidad del sonido.

Una parte de esos escombros se estrella contra otro satélite y desencadena una reacción en cadena que destruye todo lo que orbita en altitudes cercanas.

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En órbita terrestre baja, eso podría incluir redes multimillonarias como Starlink, la Estación Espacial Internacional, satélites espías y tecnología de imágenes de la Tierra.

No quedaría nada, excepto un impenetrable cementerio de basura que podría hacer detener los lanzamientos de cohetes durante años, tal vez incluso siglos.

En las situaciones más extremas, toda la tecnología satelital podría quedar inservible. Los servicios de GPS se cortarían; la tecnología de seguimiento del tiempo se perdería, lo que podría dejar en tierra vuelos comerciales a nivel mundial; la televisión por satélite y el servicio telefónico se habrían ido; la pérdida de ancho de banda podría obstruir los sistemas terrestres y bloquear los servicios de Internet y de teléfono. A partir de ahí, las economías podrían verse lisiadas.

Las probabilidades de un desastre

Tal situación sigue siendo muy, muy poco probable. El espacio es enorme pero aún están lejos de estar «atestado» de satélites.

Pero como los precios de los viajes espaciales están cayendo en picada, significa que cada año aumentan los satélites nuevos, mientras que el riesgo de colisiones aumenta exponencialmente, explica Jonathan McDowell, astrónomo del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica.

«Si acumulas 10 veces la cantidad [total actual] de satélites, el riesgo no es diez veces más grande, es 100 veces más grande», le dijo McDowell a CNN Business, describiendo el riesgo de una colisión. Si bien un solo choque puede no llevar a un escenario apocalíptico, cualquier incidente puede crear problemas.

Los expertos a menudo comparan el problema de los desechos espaciales con la contaminación y el cambio climático: una serie de colisiones devastadoras puede parecer descabellada hasta que, de repente, se avecina una catástrofe.

T.S. Kelso, investigador principal de la compañía de seguimiento por satélite Analytical Graphics Inc., dijo que el problema debe abordarse con urgencia, sin importar cuán remotas sean las probabilidades de un desastre.

«Tenemos que averiguar cómo manejar esto», dijo Kelso. «La comunidad necesita entender que no se trata de probabilidad, sino de riesgo. Se trata de las consecuencias».

Ya hay muchos millones de piezas de chatarra girando en órbita. Incluyen propulsores de cohetes gastados, satélites muertos y piezas de escombros de una colisión accidental en 2009 y manifestaciones militares «anti-satélite». La mayoría de los escombros son demasiado pequeños para ser rastreados.

Es el resultado de medio siglo de viajes espaciales y algunas regulaciones para mantener el espacio limpio.

Mitigar el peligro implica varias cosas: una es encontrar una manera de limpiar algo del desorden que ya existe, aunque todavía no existe una tecnología viable para eso. Otra es garantizar que los satélites recién lanzados no se conviertan en pedazos de basura espacial más adelante.

SpaceX, Starlink y los patrocinadores del espacio

Musk, por su parte, dice que SpaceX se toma muy en serio el problema: «Nos esforzamos mucho para asegurarnos de que no haya un problema de desechos orbitales», dijo a periodistas durante una reciente conferencia telefónica.

Cada satélite activo de Starlink podrá esquivar automáticamente partes rastreables de restos que se encuentren en su camino, dijo Musk.

Los satélites también ahorrarán suficiente combustible al final de sus vidas para que puedan regresar intencionalmente hacia la Tierra para salir del camino de los nuevos dispositivos, dice SpaceX. Según la compañía, incluso si un satélite muere inesperadamente, estará en una altitud tan baja que la gravedad lo sacará de la órbita de manera natural en uno a cinco años.

La Comisión Federal de Comunicaciones, que aprueba los satélites para su lanzamiento, aprobó los diseños de SpaceX y dijo que sus satélites Starlink tienen un riesgo de colisión «cero o casi cero» mientras están en funcionamiento.

Los primeros 60 satélites Starlink han estado en órbita alrededor de una semana, y todo parece ir bien. No se han reportado satélites que funcionen mal o sistemas de propulsión fallidos.

Sin embargo, nada es infalible.

«Si hay algún fallo sutil que solo se inicia en dos años después del lanzamiento … podría terminar con mil satélites muertos en la órbita operativa», dijo McDowell, el astrónomo.

En otras palabras, si los 60 satélites que acaba de lanzar SpaceX tienen algún tipo de falla de diseño que solo se hace evidente en algún lugar en órbita, y todos mueren allí, podría significar un gran problema.

SpaceX es una empresa muy respetada que ha demostrado sus habilidades tecnológicas una y otra vez, agregó McDowell. Pero, al mismo tiempo, la compañía asumió un gran riesgo al lanzar este gran lote de satélites, con un diseño no probado.

Evitar el desastre

El plan de mitigación de escombros de SpaceX coincide o excede las pautas de los expertos sobre las mejores prácticas. El competidor de SpaceX, OneWeb, también tiene planes para garantizar que sus satélites no se conviertan en basura espacial.

Sin embargo, con los vuelos espaciales cada vez más baratos y cada vez más empresas, con poco interés en si el espacio se mantiene seguro o no, pueden permitirse enviar algo a la órbita.

Sin embargo, no existen reglas o castigos internacionales formales para responsabilizar a los operadores de satélites por la creación de escombros o el descuido general en el espacio. Algunos países, incluido Estados Unidos, están considerando regulaciones más estrictas.

Por ahora, las empresas y las organizaciones tienen que encargarse de investigar e invertir en ser buenos clientes del espacio.

«Es como cualquier tipo de administración ambiental», dijo Kelso. No siempre hay un incentivo comercial para hacer lo correcto, pero «no quieres llegar al punto en el que digas: ‘Caramba, desearía haberlo hecho antes'».