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Terrorismo

OPINIÓN | EE.UU., frente a una tormenta perfecta para el reclutamiento extremista. ¿Qué hacer para detenerla?

Por Cynthia Miller-Idriss

Nota del editor: Cynthia Miller-Idriss dirige el Laboratorio de Investigación e Innovación de Polarización y Extremismo (PERIL) en la Universidad Americana, en Washington D.C. Su libro «Hate in the Homeland: The New Global Far Right» será publicado en octubre por la editorial de la Universidad de Princeton. Las opiniones expresadas aquí son las suyas. Lea más artículos como este en CNNe.com/opinion.

(CNN) — «No sé qué pasó, solo sé que de niño no fue criado de esa manera».

Estas son las palabras que el padre de Dylann Roof le dijo a un periodista después de que su hijo fuera sentenciado a muerte por el asesinato de nueve fieles afroamericanos en una iglesia de Charleston, en Carolina del Sur. Las autoridades revelaron que, tras su arresto en 2015, Roof le dijo a los investigadores que había matado a los asistentes al estudio de la Biblia para comenzar una guerra racial.

De hecho, la vía de radicalización de Roof comenzó con una búsqueda en línea que lo llevó a un sitio web de supremacistas blancos. En su manifiesto y durante las entrevistas con la Policía Roof destacó la importancia de esa búsqueda y señaló que «nunca había sido el mismo desde ese día».

Los padres cuyos hijos han perpetrado actos racistas o extremistas a menudo responden con palabras similares: «¡Él no aprendió eso de nosotros!» o «¡Esos no son nuestros valores!» son declaraciones comunes. Las familias blancas suelen señalar que crían a sus hijos para que no perciban diferencias de “color” con frases como «todos somos iguales», pero sin conversaciones explícitas sobre la raza, como su forma de inculcar «buenos valores».

Pero como muchos expertos han señalado, el silencio sobre el racismo deja que los niños blancos saquen sus propias conclusiones sobre las desigualdades que observan o las ignoran por completo. Los valores por sí solos no siempre pueden competir con lo que los niños y adolescentes encuentran en línea.

Y con los menores que tienen más tiempo para pasar en internet durante la pandemia de covid-19, existe un mayor riesgo de exposición a malas influencias e ideas de extremistas.

Los extremistas, que ven el mundo dividido en grupos de identidad hostiles («nosotros contra ellos»), se movilizaron rápidamente durante la pandemia y las protestas nacionales por la justicia racial. Los militantes de la supremacía blanca han circulado propaganda y teorías de conspiración sobre el covid-19, que culpan erróneamente a inmigrantes o asiáticos e intentan atacar a judíos o a la Policía. Algunos miembros de grupos de extrema derecha han aprovechado las protestas por la muerte de George Floyd a manos de la Policía para sus propios fines, con el objetivo de desencadenar una guerra civil o racial, y trabajan para incitar la violencia en las protestas pacíficas. Un líder del Ku Klux Klan en Virginia ha sido procesado por un incidente de embestida de vehículos, una de las docenas que han ocurrido desde que comenzaron estas protestas.

En circunstancias normales, los jóvenes ya son una población vulnerable a la radicalización. Los adolescentes son propensos a asumir riesgos y están en plena exploración de identidad, buscando respuestas a preguntas sobre quiénes son y quiénes quieren ser. Pueden sentirse atraídos por el sentido de rebelión que ofrecen los grupos extremistas, así como por las promesas de pertenencia y propósito.

Pero los niños y adolescentes pueden tener un riesgo aún mayor de radicalización durante la pandemia, ya que pueden experimentar tasas más altas de ansiedad, depresión y aislamiento. Para empeorar las cosas, muchos niños han perdido las redes de compañeros y adultos, como maestros, empleadores y entrenadores, quienes normalmente pueden notar señales de alerta en su comportamiento.

Los padres o quienes estén a cargo de su cuidado son ahora los principales adultos que pueden reconocer las señales de advertencia e intervenir en las primeras etapas de la radicalización, y hay varios pasos de acción que pueden tomar, incluso durante un momento que es comprensiblemente abrumador por los nuevos desafíos para los adultos a cargo de niños.

Ser consciente del riesgo es un buen lugar para comenzar. Incluso antes de la pandemia, la investigación de la Liga Anti-Difamación encontró que casi una cuarta parte de los gamers estaban «expuestos a discusiones sobre la ideología de la supremacía blanca», mientras jugaban en línea. Obtener una comprensión sólida de cómo pasan sus hijos el tiempo en internet es clave, especialmente si incluye plataformas encriptadas, aplicaciones anónimas o comunidades en línea que puedan ser tóxicas. (Una lista de sitios, plataformas y aplicaciones a tener en cuenta, junto con un conjunto de recursos para padres y adultos a cargo de niños, está disponible en esta guía que mi laboratorio de investigación ayudó a crear).

Los padres y adultos responsables de menores pueden estar alerta a las principales señales de advertencia si escuchan lo que dicen los niños. Los menores que mencionan teorías de conspiración o se refieren a otros como «frágiles», porque no resisten una broma antisemita o racista probablemente hayan estado expuestos a contenido extremista, por dar un ejemplo. Y debido a que, si se los hace quedar en ridículo o se los castiga, los jóvenes pueden tender a ir más lejos con ese tipo de actitudes en línea, los padres necesitan estrategias que vayan más allá de avergonzarlos.

Los enfoques más efectivos incluyen hablar con adolescentes y adultos jóvenes sobre una forma para comprobar que las fuentes de información a las que acceden sean válidas, cómo funciona la manipulación en línea y cómo la propaganda puede venir disfrazada de humor. La investigación muestra que aprender sobre la manipulación en los anuncios de comida chatarra reduce las opiniones positivas de los niños sobre los alimentos poco saludables más que si se les enseña sobre las consecuencias de los malos hábitos alimenticios solamente. Y el mismo estudio sugiere que pasa lo mismo a la hora de concientizar a las personas sobre las estrategias de manipulación en la propaganda terrorista.

La prevención de la radicalización no se trata solo de reconocer el riesgo. Los padres y personas a cargo de menores pueden trabajar para desarrollar resiliencia a las narrativas extremistas al modelar la amabilidad, la empatía y encontrar formas de darles a los niños un sentido de control sobre sus vidas. Fortalecer el sentido de identidad positiva de un infante puede reducir las vulnerabilidades a las promesas extremistas de pertenencia y propósito.

Fomentar un compromiso profundo con una amplia gama de ideas y personas también es importante. La investigación muestra que cuanto más tiempo pasan las personas en grupos de ideas afines, es más probable que se muevan hacia los extremos.

Nada de esto funcionará si las familias blancas guardan silencio sobre el legado del racismo estructural en este país. Simplemente decirles a los niños que «todos somos iguales» cuando sus pares negros e hispanos claramente tienen experiencias desiguales, hace que sea más difícil para los niños blancos reconocer y desafiar la supremacía blanca. Las conversaciones abiertas y continuas con los niños blancos sobre la raza y el racismo son esenciales.

Esta no es la primera vez que enfrentamos un mayor riesgo de radicalización. Después de la elección de Barack Obama como el primer presidente afroamericano de Estados Unidos, hubo un aumento en el número de militantes y grupos de odio.

Pero 2020 es un año único por varios motivos. El vasto y evolutivo ecosistema de espacios tóxicos en línea, combinado con cantidades de tiempo en línea potencialmente sin precedentes y el aumento de la ansiedad y el aislamiento para algunos, han creado una tormenta perfecta para el reclutamiento de extremistas. Está en todos nosotros detenerlo.